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Desde niños a la gente del campo se nos inculca el valor de la tierra, nos han enseñado el amor por el cuidado de las plantas, a conocer las necesidades y a cuidar las cosechas para conseguir obtener la fruta más dorada, dulce y sana.

Y cada año cuando llega el momento de recoger estas maravillosas naranjas y clementinas, vemos recompensado todo el esfuerzo, la dedicación y las noches desveladas. Por eso las frutas de Llusar son tan especiales.

Porque llevan impreso el espíritu del hombre que las ha visto crecer.